Una lección que no debe ignorarse
En los últimos meses, un trágico accidente ocurrido en un campo de golf en España ha sacado a la luz una realidad que, aunque conocida desde el punto de vista normativo, no siempre recibe la atención que merece en el día a día de muchas instalaciones.
El suceso, que implicó el atropello de una persona por un buggy de la flota del campo, tuvo un desenlace fatal. Más allá de la gravedad del accidente en sí, el caso ha generado una honda preocupación dentro del sector por un dato especialmente crítico: el vehículo implicado no tenía seguro obligatorio de circulación.
Las consecuencias jurídicas y económicas de esa ausencia son de un alcance enorme.
Un vacío de cobertura con graves implicaciones
Hay una creencia bastante extendida entre operadores de campos de golf: que la póliza de responsabilidad civil general cubre los incidentes que puedan surgir de la actividad ordinaria. Sin embargo, la legislación no deja margen de interpretación: todo vehículo a motor o autopropulsado susceptible de circular debe tener su propio seguro obligatorio.
Y hay algo que conviene tener muy claro: las pólizas de responsabilidad civil general excluyen expresamente los riesgos que deberían estar cubiertos por seguros obligatorios. Eso significa que, en un caso como el descrito, no solo no existe cobertura específica del vehículo, sino que la póliza general del campo tampoco entra en juego.
El resultado es una exposición total: la responsabilidad recae sobre el titular de la instalación, con indemnizaciones que pueden ser muy elevadas, más las posibles responsabilidades penales y sanciones administrativas por incumplimiento.
Más allá de los buggies: una visión integral del riesgo
Tendemos a pensar solo en los buggies que utilizan los jugadores, pero el riesgo afecta a todos los vehículos autopropulsados del campo: segadoras, vehículos utilitarios, quads, cualquier maquinaria con capacidad de desplazamiento autónomo.
Cada uno de estos elementos puede estar sujeto, según sus características, a la obligación de aseguramiento. No cumplir con esa obligación no es solo un problema legal: puede comprometer seriamente la viabilidad económica de la instalación si se produce un siniestro grave.
Un llamamiento a la prevención y la responsabilidad
Lo que este caso pone encima de la mesa es que la gestión del riesgo no puede apoyarse en suposiciones ni en lecturas acomodaticias de las coberturas contratadas.
Revisar la flota al completo, identificar qué vehículos y maquinaria están sujetos a seguro obligatorio y asegurarse de que todos tienen su póliza en vigor no es un trámite burocrático: es una responsabilidad directa hacia los jugadores, los empleados y cualquier persona que pase por las instalaciones.
Desde Galpe Agencia de Seguros, especializada en el sector de la industria del golf con más de 40 años de experiencia, llevamos décadas acompañando a clubs y campos en la gestión integral de sus riesgos. Sabemos de primera mano que este tipo de vacíos de cobertura se detectan, casi siempre, demasiado tarde.
El golf es un sector cada vez más profesionalizado. Pero la profesionalización también pasa por revisar lo que tenemos asegurado. Un accidente puede ser una tragedia. Que además destruya económicamente una instalación por falta de cobertura es algo que, con la información y el asesoramiento adecuados, es perfectamente evitable.